"TODO COMENZO EN UPSALA"
Alfredo A. Cano
El Comodoro (R) VGM-EDB Alfredo Abelardo CANO, fue integrante de la 3er. y
5ta.
dotación de la Base Teniente Matienzo y tripulante de uno de los dos aviones
monomotores Beaver DHC-2, que formados al legendario avión Douglas C-47
Matrícula TA-05, comandado por el mayor Mario Luís OLEZZA, alcanzaron el Polo Sur geográfico
el 02-NOV-1965.
Allí permanecieron hasta que el 25 de noviembre, de regreso de Mc
Murdo Station el TA-05 sobrevoló Amundsen-Scott con proa a la Base Belgrano,
cumplimentando así el primer vuelo transpolar desde continente americano.
Con su despegue de los 3100 metros sobre el nivel del mar del
Polo Sur, los Beaver se convirtieron en los primeros monomotores de motor
convencional en lograrlo sin el empuje adicional de botellones JATO (Jet
Auxiliary Take Off).
Este libro narra la interacción de los integrantes de las
dotaciones antárticas con las que el autor compartió alegrías y penurias durante
sus dos invernadas antárticas, la lucha de los tripulantes de los pequeños
Beaver para ser incluídos por el Vicecomodoro Olezza en el doble vuelo
transpolar y las peripecias que enfrentaron durante su ejecución.
Es una historia de vida donde los protagonistas figuran con sus
nombres y apellidos para que sus familiares sepan lo que ellos hicieron y
callaron por natural pudor.
La mayor parte de los diálogos se desarrollaron como están
escritos.
Para ello el autor contó con el aporte de algunos de los que
participaron de los hechos narrados y sus propios recuerdos.
El trozo de la vida que hoy nos regala el Comodoro Cano es la
conmovedora relación de sus experiencias, en el aire o en la tierra, que
protagonizó o que fue testigo presencial, entre 1962 y 1966.
Como los movimientos ascendentes de una sinfonía, la cumbre está
representada por el más trascendente de los hechos descriptos, el histórico
doble vuelo transpolar que, al mando del Vicecomodoro Mario L. Olezza, se
realizó en el C-47 TA-05, acompañado en formación hasta el Polo Sur por los
Beaver P-05 y P-06, en uno de los cuales volaba el autor, en noviembre de
1965.
Con un registro coloquial, el libro cuenta los aspectos
cotidianos de la lucha por participar en lo que Cano denomina la gran
aventura.
Del mismo modo, describe la vida diaria de esa comunidad tan
particular - que son las dotaciones de las bases antárticas - a la que brega por
integrarse.
Pero antes de empezar, como un buen aparcero sentado junto al
fogón, Cano contextualiza su historia.
Con prolija y fundamentada información, resume los antecedentes
de la conquista por tierra y por aire del Polo Sur y se autorretrata con
pinceladas tan certeras que, al terminar los antecedentes, no queda ninguna duda
del perfil psicológico del personaje con el que se va a encontrar el lector.
Desde el mismo inicio el texto plantea un conflicto cuyo
interrogante solo se resuelve al final.
Todo comenzó en Upsala, sintetiza, nada más y nada menos, que el
conflicto más antiguo del hombre, la apasionante búsqueda del sentido de la
existencia del autor.
Es la indagación casi metafísica que, a la mayoría de las mujeres
y hombres, los lleva a preguntarse una y otra vez por la razón de su vivir y
que, más de uno, muere sin saber para qué nació.
Sin mencionar que, precisamente, ese fuera el propósito, Cano,
con una prosa austera, no carente de lirismo, describe el largo camino que
transitó desde que era cadete hasta descubrir la respuesta en los vuelos, en el
Glaciar Upsala y en los hielos eternos de la Antártida.
Y es sobre todo allá, donde está la réplica que busca.
Allá, donde los día-noches, a veces, son interminables pruebas a
la integridad moral de las dotaciones de las bases; y las noche-días, desafíos
constantes a la convivencia de un puñado de seres humanos confinados entre las
estrechas paredes de un tambucho.
Allá, en la infinitud desolada de las planicies heladas,
jugándose la vida al mando de un vehiculo con pontones semiroruga Sno Cat, o
piloteando la frágil estructura de un avión monomotor Beaver a través de las
traidoras nubes de agua en sobrefusión.
Allá, donde los hombres rudos y barbados, cubiertos con los más
pesados trajes antárticos que se hayan inventado, se sienten más desnudos e
inermes que un bebé recién nacido.
En fin, en todos los allá que un lector adiestrado pueda
imaginar, el autor encuentra el sentido de su humanidad, el secreto de la fuerza
espiritual del individuo de aquellas comunidades tan particulares, donde el
apoyo incondicional del camarada-hermano posibilita la supervivencia colectiva y
el logro de las metas más difíciles.
Tan evidente es el proceso de maduración interior que experimenta
el autor en el transcurso de las dos invernadas en la Antártida, y tan profundas
las reflexiones que le suscitan las vivencias que cada conclusión es una
verdadera lección.
Tan pronto dice “nunca se debe ordenar una acción que uno no está
en condiciones de realizar”, como asegura que “la recompensa más valiosa es la
satisfacción del deber cumplido”.
Una recompensa que, para él, se concreta al final cuando confiesa
estar en paz, obviamente, con su conciencia.
Es tan contundente esa afirmación que los relatos posteriores a
la gran hazaña que Comenzó en Upsala constituyen el epílogo.
Es decir, esas escenas que se añaden en las películas después de
la palabra fin, para que el espectador que se ha levantado, mientras se
encienden las luces, se entere de algún suceso suplementario que no agrega ni
quita nada, sino, tan solo, complementan la cosa contada.
El Valor del
miedo del Vicecomodoro Olezza fue la obra literaria post-mortem que reveló a
sus compatriotas la verdadera dimensión del esfuerzo creativo y volitivo que
puso en marcha un proyecto que importó para las alas argentinas la apertura de
la ruta transpolar.
Todo comenzó en Upsala, será el complemento
ineludible para entender la componente humana de esa conquista que trascendió
con creces los límites de nuestra Patria.
Gentileza y links Fundacion Marambio.